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Inmortal Teseo

Jueves, 26 de enero de 2012 Dejar un comentario Ir a comentarios

Hola!

 

Ayer pase el rato viendo la nueva película del director asiático Tarsem (el de 300)… y para mi fue solo eso, pasar el rato.
Desconozco los resultados de taquilla y no soy de fijarme en las críticas a la hora de elegir una peli, mas bien elijo de entre lo que hay (ciencia ficción, fantasía y eso, que para tragicomedias estoy en casa), cuando no, las bajo de la red… y lo que había para ver era ‘***‘, que no me pareció de lo mejor.

La cuestión es que a Teseo lo conocí (metafóricamente hablando, claro) hace muchos años, no por estudiar historia griega ( ) sino por un cuento de Jorge Luis Borges que es lo que quiero recomendarles (aunque, claro, estoy seguro que la mayoría ya lo conoce, pero bueno)

La película no es fiel a el mito griego en muchas cosas (tampoco lo es 300, dicho de paso), y Borges, aunque no contradice en nada a la leyenda, utiliza un recurso narrativo muy interesante, que es la razón por la que me lo recordó tanto.

El mismo Borges dice en una entrevista que el cuento se lo inspiró una pintura inglesa y ‘La casa de Asterión‘, que es como se llama el cuento, es considerado relevante por la literatura universal. No quiero explicar demasiado sobre el relato para no develar la trama, solo que es un relato corto, fantástico, que forma parte del libro ‘El Aleph‘ y que presenta el mito de Teseo desde un punto de vista atípico.
 

y nada, que me parece una narración excelente para acercarse a la literatura, es corto, muy fácil de leer, atrapante y original, asi como el resto de los cuentos de ‘El Aleph‘ y otro de los libros de relatos cortos de Borges que me parece excelente y que se llama ‘Ficciones

El cuento:

    
La casa de Asterión

    Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz  de la tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que ho hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, cro, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madra; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.    El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Loas enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprndiera a leer. A veces lo deploro, porque las noches y los días son largos. 
    Claro que no me faltan distacciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suel, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos.) Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior oAhora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya verás cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.
    No sólo he imaginado eso juegos, también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes, la casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris, he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo. 
    Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensantgriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que alguna vez llegaría mi redentor, Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redeentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?
   
    El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.

-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.

Jorge Luis Borges, cuentos – Wikipedia

¿más posteos? acá:

Las casas del fin del mundo – infografía

Algunas fotos – imágenes

Donolinio Studio = increible (I) – videos ‘top-tag’

Donolinio Studio = increible (II) – videos ‘top-tag’

Fotos karmicas – imágenes

ta lue!

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